19 abril, 2007

Día Gris...

Que puedo decir... me siento tan sola a veces, a pesar que estoy rodeada de gente que me quiere, pero siento que no me entiende. Estoy harta de sentirme así: sola, vacía, sin capacidad de querer a nadie, que sólo me interese mi futuro y mi felicidad y nadie más. Que por alcanzar mis metas, muchas veces lastime a la gente que más quiero y que de a poco me vaya quedando cada vez más y más sola, y lo peor es que me dé lo mismo.

Me da pánico el solo hecho de encariñarme mucho con la gente... tengo pánico a que me hieran otra vez. No sé si mi pobre corazón se ha llevado muchas desilusiones, o es que ya perdí la capacidad de encariñarme con la gente. A veces me da mucha pena que la gran mayoría de mis sentimientos tengan que pasar por mi cabeza fría y calculadora, y no pueda dejarme llevar por ellos, sino que intento controlarlos.

Quiero pedirte disculpas por todo el daño que te estoy haciendo. Sé que estás sufriendo por mi culpa, y creo que no te lo mereces (a pesar de todo lo que yo sufrí alguna vez por ti y créeme que aún queda un poco de ese sufrimiento). No creo que tengas que pagar por todo esto que está pasando por mi loca cabeza, y por mi corazón... que cada día lo siento más pequeño y más frío. No sé muy bien que me pasa, no sé si me siento sola o, por el contrario, quiero estar sola. No sé si quiero dedicarme a alguien, o dedicarme por completo a mí. Me duele mucho sentir esto, sobre todo porque estuve, estoy y siempre estaré convencida de que tú eres esa persona que Dios hizo para mí, eres un gran pilar para mí... aunque reconozco que hay veces que pienso que es mejor poner "pausa" y terminar de recorrer esto yo sola... siento que me faltan las fuerzas y las ganas para continuar. Sencillamente me gustaría poder cerrar los ojos y desaparecer para siempre.

Sé que es bastante difícil para ti entender como me siento, y le vas a echar la culpa a las hormonas y a los ciclos femeninos. Puede ser, pero el punto es que siento una madeja de sentimientos y no sé cómo desenredarla. Me encanta la idea de pensar en nosotros en un futuro, cuando yo sea mamá y que tú estés a mi lado, que construyamos un hogar juntos...

Pero al mismo miedo siento miedo... miedo de que todo esto no se pueda realizar y que mis sueños se caigan de los pequeños hilos que los sostienen, o por el contrario que lleguemos a formar un hogar, pero que todo no funcione... Sé que me dices todo el tiempo que estás conmigo, que me apoyas en lo que yo quira emprender... pero igual siento miedo. Sé que si llegas a leer esto, no lo vas a entender porque no vas a lograr comprender con tu cabecita las cosas que están pasando por mi corazón... es más, ni yo las logro entender.

05 abril, 2007

Una breve historia para reflexionar...


..........¿Papito... Cuánto me amas?

El día que mi Hija nació, en verdad no sentí gran alegría. Por que la decepción que sentía parecía, ser más grande que el gran acontecimiento que representa tener una hija.

¡Yo quería un varón!

A los dos días de haber nacido, fui a buscar a mis dos mujeres, una lucía pálida y agotada y la otra radiante y dormilona.

En pocos meses me dejé cautivar por la sonrisita de mi Carmencita y por la infinita inocencia de su mirada fija y penetrante, fue entonces cuando empecé a amarla con locura. Su carita, su sonrisita y su mirada no se apartaban ni por un instante de mis pensamientos, todo se lo quería comprar, la miraba en cada niño o niña, hacía planes sobre planes, todo sería para mi Carmencita.

Este relato era contado a menudo por Randolf, el padre de Carmencita y Yo también sentía gran afecto por la niña que era la razón más grande para vivir de Randolf según decía el mismo.

Una tarde estaba mi familia y la de Randolf, haciendo un picnic a la orilla de un río cerca de casa y la niña entabló una conversación con su papá, todos escuchábamos: Papi,... cuándo cumpla quince años ¿Cuál Será mi regalo?

-Pero mi amor, si apenas tienes diez añitos, ¿No te parece que falta mucho para esa fecha?

Bueno papito,... tu siempre dices que el tiempo pasa volando, aunque yo nunca lo he visto por aquí. La conversación se extendía y todos participamos de ella. Al caer el sol regresamos a nuestras casas.

Una mañana me encontré con Randolf enfrente del colegio donde estudiaba Carmencita quien ya tenía catorce años.Randolf se veía muy contento y la sonrisa no se apartaba de su rostro. Con gran orgullo me mostraba las calificaciones de Carmencita, eran notas impresionantes, ninguna bajaba de diez puntos y los estímulos que les habían escrito sus profesores eran realmente conmovedores, felicite al dichoso papá.

Carmencita ocupaba toda la alegría de la casa, en la mente y en el corazón de la familia, especialmente en el de su papá.

Fue un Domingo muy temprano cuando nos dirigíamos a misa, cuando Carmencita tropezó con algo, eso creíamos todos y dio un traspié, su papá la agarró de inmediato para que no cayera...Ya instalados en la iglesia, vimos como Carmencita fue cayendo lentamente sobre el banco y casi perdió el conocimiento.

La tomamos en brazos, mientras su papá buscaba un taxi hacia el hospital.

Allí permaneció por diez días y fue entonces cuando le informaron que su hija padecía una grave enfermedad que afectaba seriamente su corazón, pero no era algo definitivo, qué debía practicarle otras pruebas para llegar a un diagnóstico firme.

Los días iban pasando, Randolf renunció a su trabajo para dedicarse al cuidado de Carmencita, su madre quería hacerlo pero decidieron que ella trabajaría, pues sus ingresos eran superiores a los de él.

Una mañana Randolf se encontraba al lado de su hija, cuando ella le preguntó:

-¿Voy a morir, no es cierto? ¿Te lo dijeron los doctores?

-- No mi amor...no vas a morir, Dios que es tan grande, no permitiría que pierda lo que más he amado sobre este mundo, respondió el padre.

-¿Van a algún lugar?

¿Pueden ver desde lo alto a su familia?

¿Sabes si pueden volver? preguntaba su Hija.

- Bueno hija,... en verdad nadie ha regresado de allá a contar algo sobre eso, pero si yo muriera, no te dejaría sola, estando en el mas allá buscaría la manera de comunicarme contigo, en última instancia utilizaría el viento para venir a verte.

-¿Al viento? ¿Y cómo lo harías?

-No tengo la menor idea hijita, solo sé que si algún día muero, sentirás que estoy contigo, cuando un suave viento roce tu cara y una brisa fresca bese tus mejillas.

Ese mismo día por la tarde, llamaron a Randolf, el asunto era grave, su hija estaba muriendo. Necesitaban un corazón, pues el de ella no resistiría sino unos quince o veinte días más. ¡UN CORAZÓN!

¿Dónde hallar un corazón?

¡Un corazón!

-¿Dónde Dios mío?

Ese mismo mes, Carmencita cumpliría sus quince años. Y fue el viernes por la tarde cuando consiguieron un donante, una esperanza iluminó los ojos de todos, las cosas iban a cambiar.

El Domingo por la tarde ya Carmencita estaba operada, todo salió como los médicos lo habían planeado. ¡Éxito total! Sin embargo, Randolf todavía no había vuelto por el hospital y Carmencita lo extrañaba muchísimo, su mamá le decía que ya todo estaba muy bien y que su papito sería el que trabajaría para sostener la familia.

Carmencita permaneció en el hospital por quince días más, los médicos no habían querido dejarla ir hasta que su corazón estuviera firme y fuerte y así lo hicieron.

Al llegar a casa todos se sentaron en un enorme sofá y su mamá con los ojos llenos de lágrimas le entregó una carta de su padre:

"Carmencita, hijita de mi corazón: Al momento de leer mi carta, ya debes tener quince años y un corazón fuerte latiendo en tu pecho, esa fue la promesa que me hicieron los médicos que te operaron. No puedes imaginarte ni remotamente cuanto lamento no estar a tu lado en este instante.

Cuando supe que ibas a morir, decidí dar respuesta a una pregunta que me hiciste cuando tenias diez añitos y a la cual no respondí. Decidí hacerte el regalo más hermoso que nadie jamás haría por mi hija... Te regalo mi vida entera sin condición alguna, para que hagas con ella lo que quieras.

¡¡Vive hija!!

¡¡Te amo con todo mi corazón!! "

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Te extraño papo...